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Cómo la COVID-19 daña los cinco sentidos

El virus que causa la enfermedad no solo altera el olfato y el gusto sino todas las formas en las que los humanos percibimos el mundo. Para algunos, las pérdidas pueden ser permanentes.

Estados Unidos   29/09/2021    Fuente: National Geografic  


Cómo la COVID-19 daña los cinco sentidos

Teniendo en cuenta sus síntomas, Michael Goldsmith se consideraba uno de los afortunados ya que había sobrevivido. Tras tener un cuadro grave de COVD-19 en marzo de 2020, se pasó 22 días enganchado a un respirador en la UVI. Afortunadamente, la situación de Goldsmith mejoró y le movieron a otra planta del hospital mientras se recuperaba. Fue allí donde empezó a darse cuenta de que había perdido casi toda la audición de su oído izquierdo.

 

"Todo lo que podía oír tenía que ser muy a un volumen muy alto y aun así sonaba como un grupo de viento metal", dice Goldsmith, de 35 años.

 

También tenía un ruido de estática en el oído que terminó siendo tinnitus. Tras una recuperación completa de la infección y volver a su casa en Bergenfield, Nueva Jersey (EE. UU.), este analista de seguridad informática y padre de dos hijos fue viendo a médico tras médico para intentar aliviar sus problemas auditivos. Probó distintos medicamentos recetados pero su condición no mejoraba.

 

Es fácil dar por sentados nuestros sentidos, por lo menos hasta que tenemos un problema con alguno de ellos. Esto es algo que han descubierto muchos de los que han tenido COVID-19 y que inesperadamente perdieron sus sentidos del olfato y el gusto. Recientemente, se ha visto que la COVID-19 también afecta a la vista, el oído y el tacto.

 

Tanto a corto plazo como a largo plazo, esta virus puede afectar a todas las maneras en las que percibimos e interactuamos con el mundo.

 

Pese a que no es algo mortal, "es descorazonador perder cualquiera de nuestros sentidos, especialmente si es repentinamente como ocurre en el contexto de esta infección", dice Jennifer Frontera, una profesora de neurología en la Escuela de Medicina Grossman de la NYU de EE. UU.

 

Disminución de la audición

 

Como Goldsmith, mucha gente que se recuperó del COVID-19 continuó experimentando una pérdida auditiva. En el número de marzo de la International Journal of Audiology, los investigadores repasaron los casos de estudios publicados y otros informes sobre los síntomas de la COVID-19 y calcularon que la pérdida de audición le ocurría a cerca de un ocho por ciento de los pacientes que tuvieron COVID, mientras que cerca de un 15 por ciento desarrollaron tinnitus.

 

Todavía no se entienden totalmente los mecanismos, pero los expertos sospechan que la enfermedad puede afectar a la trompa de Eustaquio, que conecta el oído medio con la garganta. "Con cualquier infección vírica puedes tener disfunciones en la trompa de Eustaquio, que puede llevar a una acumulación de líquido en el oído medio. Esto hace de amortiguador mecánico en el tambor del oído", explica Elias Michaelides, un profesor asociado de otorrinolaringología en el Centro Médico Universitario Rush de Chicago (EE. UU).

 

Una vez un paciente se recupera de su enfermedad, la trompa de Eustaquio se drena y la audición, en la mayoría de los casos, vuelve a su estado normal, aunque puede llevar unas semanas, dice el experto. Mientras tanto, tomar un descongestionador oral y usar un aerosol nasal con corticoides puede ayudar a acelerar el drenaje, dice Michaelides.

 

Pero si el virus daña las neuronas sensoriales en el oído interno o cóclea, se puede producir una pérdida repentina de audición, y puede ser permanente. No está claro cómo ocurre este daño nervioso, aunque puede estar relacionado con la capacidad de la COVID-19 de provocar una cascada de efectos inflamatorios y daños en los pequeños vasos sanguíneos.

 

Dado que la audición del oído izquierdo de Goldsmith no mejoraba tras recuperarse totalmente de la enfermedad y probó con distintos medicamentos, se fue a ver a J. Thomas Roland, Jr., director del departamento de cirugía de otorrinolaringológica del hospital universitario Langone Health de la NYU. Roland le dijo que era un buen candidato para un implante coclear, un pequeño aparato electrónico que puede estimular directamente el nervio auditivo y generar señales que el cerebro registra como sonido.

 

"El oído interno es un órgano muy delicado y muy sensible a los problemas microvasculares y la inflamación, por lo que no me sorprende que la gente haya experimentado pérdida de audición o tinnitus relacionadas con la COVID", dice Roland.

 

En septiembre de 2020, Goldsmith recibió un implante coclear en su oído izquierdo. Ha sido un cambio radical, dice. "Ahora, con mi oído izquierdo, reconozco el 80 por ciento de las palabras aisladas y es aun mayor en el caso de frases completas". Y cuando el dispositivo está encendido, la tinnitus desaparece por completo. "Desearía no necesitarlo, pero estoy contento de tenerlo", dice Goldsmith.

 

Visión borrosa

 

Otras personas que tuvieron COVID-19 han referido problemas de visión. En un estudio publicado el año pasado en BMJ Open Ophthalmology, se descubrió que la sensibilidad lumínica, el escozor de ojos y la visión borrosa estaban entre los desórdenes visuales más comunes que experimentaban los pacientes. En un estudio en el que se incluyó a 400 pacientes de COVID-19 que fueron hospitalizados, se descubrió que el 10 por ciento sufrió desórdenes visuales. incluyendo conjuntivitis, cambio visuales e irritación en los ojos.

 

"Definitivamente hay una carga vírica en los ojos que causa estos síntomas, pero eso no significa que necesariamente provoque enfermedades a largo plazo en el ojo", dice el coautor del estudio Shahzad I. Mian, un profesor de oftalmología y ciencias visuales en la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan (EE. UU).

 

Aun así, algunos doctores están encontrando que el virus SARS-CoV-2 ha aumentado el riesgo de trombos por todo el cuerpo, incluidos los vasos sanguíneos de la retina, donde pueden provocar visión borrosa o algo de pérdida de visión, explica Julia A. Haller, oftalmóloga jefe en el Hospital Wills Eye de Filadelfia (EE. UU.).

 

Si alguien refiere cualquier tipo de cambios en su visión que pudieran estar relacionados con la COVID-19, es importante que vaya a un oftalmólogo lo antes posible, dice la experta. "Algunos tipos de pérdida de visión son tratables con medicación, dependiendo de cuanto daño hayan causado", dice Haller.

 

Hormigueo y entumecimiento

 

El sentido del tacto de una persona también se puede ver afectado por la COVID-19 dado que la enfermedad ha demostrado que causa síntomas neurológicos persistentes.

 

En un estudio publicado en mayo de 2021, los investigadores evaluaron a 100 personas que no fueron hospitalizadas por COVID-19 pero que todavía tenían síntomas. Encontraron que el 60 por ciento tenían entumecimiento y cosquilleo entre seis y nueve meses después del inicio de su enfermedad. Algunas veces, estos síntomas se dispersaban por todo el cuerpo; en otros casos se localizaban en las manos y los píes.

 

Todavía no se entiende bien el mecanismo exacto que está detrás de estos síntomas testarudos, pero lo más probable es que se deban a inflamaciones locales e infecciones locales del virus de la COVID-19 en los nervios, explica Igor Koralnik, profesor de neurología en la Escuela de Medicina y jefe del departamento de enfermedades neuroinfecciosas y neurología global en el Hospital Northwetern Memorial de Chicago. (EE. UU).

 

"En la mayoría de los casos, [el cosquilleo y el entumecimiento] mejora con el tiempo", dice; "cada uno va a su ritmo". Y, en algunos casos, el cosquilleo y otros síntomas de neuropatía se pueden tratar con medicamentos como la gabapentina, un fármaco que se usa pare prevenir temblores y aliviar el dolor de los nervios.

 

La ya típica pérdida del olfato y el gusto

 

Puede que el efecto más reconocible de los que la COVID-19 tiene en los sentidos es el doble puñetazo de la pérdida del olfato y el gusto. Elizabeth DeFranco, comercial médica de Cleveland, Ohio (EE. UU), vivió ambos cambios sensoriales poco después de contagiarse de una leve infección de COVID-19 en junio de 2020.

 

"Estaba comiendo patatas fritas con vinagre y sal y no degustaba nada", recuerda DeFranco, de 58 años. Entonces se dio cuenta de que tampoco podía oler nada. Todavía no ha recuperado ninguno de estos sentidos, aunque de vez en cuando capta un breve aroma como a hierba recién cortada.

 

La pérdida de olfato provocada por un virus existía antes de que nadie hubiera oído hablar de la COVID-19, pero el porcentaje de personas que han experimentado una disfunción o una pérdida olfativa es mucho mayor con este virus que con cualquier otra infección, dicen los expertos. Un repaso de los estudios publicados en 2020 descubrió que de los 8.000 sujetos con confirmación de COVID-19, el 41 por ciento experimentaron problemas con el olfato y el 38 por ciento refirieron problemas con el gusto. Cuando las personas con COVID-19 pierden su sentido del olfato, un trastorno llamado anosmia, lo pierden por completo, no solo un tipo de olor.

 

Grosso modo, hay dos grandes tipos de pérdida de olfato. La pérdida de olfato conductiva puede ocurrir con una congestión o una obstrucción nasal evita que las moléculas de olor pasen por la cavidad nasal. La pérdida de olor neurosensorial implica un daño o una disfunción de las neuronas olfativas, que parece ser lo que ocurre con la COVID-19.

 

"Con la COVID-19, la mayoría de las personas no tienen síntomas nasales y aun así la pérdida de olfato puede ser bastante severa", dice Justin Turner, profesor asociado de cirugía de otorrinolaringológica en el Centro Médico de la Universidad Vanderbilt (EE. UU) y director del Centro Vanderbilt para el Olfato y el Gusto; "creemos que esto viene de un daño en las células sustentaculares que viven en la parte alta de la nariz y son especialmente sensibles a la infección del virus".

 

A medida que la gente se recupera de la COVID-19, las células regenerativas se pueden poner en marcha y crear nuevas neuronas totalmente funcionales, explica Turner Esto permite a la mayoría de las personas recuperar su sentido del olfato entre seis y ocho semanas después de la infección, pero no todo el mundo lo consigue. En ese momento, los médicos pueden prescribir corticoides sistémicos o tópicos y en ocasiones condicionamiento olfativo, que implica una exposición repetitiva a aceites esenciales con diferentes aromas. Es el equivalente olfativo a la fisioterapia.

 

"Lo que haces es exponer a tu sistema olfativo a esos olores y ayudar al cerebro a hacer nuevas conexiones", explica Turner; "una vez hecho el daño [a las neuronas], nos tenemos que fiar de la capacidad de regeneración del sistema olfativo para poder ayudar a las personas a recuperar su sentido del olfato".

 

Perder el sentido del gusto suele ir de la manos con la pérdida del olfato, dice Michael Benninger, profesor y director del departamento de cirugía otorrinolaringológica en la Clínica y Colegio de Medicina Lerner de Cleveland (EE. UU.)

 

"No estamos viendo a personas que realmente han perdido el gusto [con la infección por COVID-19]. Cuando la gente pierde el olfato, su gusto disminuye", en el sentido de que pierden la capacidad de distinguir entre distintos sabores. "Si recuperan el olfato, recuperan el gusto también", dice Benninger.

 

Desde que se recuperó de la COVID-19, De Franco ha intentando distintas terapias, incluidos medicamentos con corticoides, antibióticos, crioterapia, terapia craniosacral, suplementos, remedios homeopáticos y entrenamiento olfativo. Nada ha ayudado. Por lo que se ha buscado la vida para sortear sus nuevas limitaciones y vivir segura. Ha instalado más detectores de humo en su casa porque no podría oler el humo. Tira toda la comida cuando se pasa la fecha de caducidad y muchas veces le pide a un vecino que le huela la comida de su nevera para comprobar que no se ha puesto mala.

 

La peor parte: "Es muy deprimente pensar que esta anosmia pueda ser para siempre. No disfruto la comida", dice; "puede que nunca más pueda apreciar un buen vino o el chocolate o el olor de una barbacoa o las galletas haciéndose en el horno o la sal en el ambiente cuando estoy en el mar. Nadie lo puede llegar a entender si no le ha pasado".





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