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Cómo cuidar el tímpano, el protector de nuestro oído

Otitis y traumatismos son las principales amenazas de la membrana que preserva el oído medio, impidiendo el paso de frío, bacterias y suciedad en general

Barcelona   04/06/2018    Fuente: El Periódico  


Cómo cuidar el tímpano, el protector de nuestro oído

En la división anatómica del oído, hablamos de oído externo, medio e interno. Y a la fina membrana compuesta por diversas capas de tejido elástico que separa el oído externo del medio la denominamos tímpano o también membrana timpánica.

 

El tímpano ejerce la función de barrera protectora del oído medio. Impide que lo alcance el frío o se cuelen en él bacterias o suciedad. Pero el tímpano también cumple la misión de receptor y amplificador de la onda sonora que llega del exterior, de modo que alcancen el martillo, yunque y estribo, los huesecillos –los huesos más pequeños del cuerpo humano–, situados a continuación del tímpano, responsables de transmitir esas vibraciones que llegan por el tímpano hacia el oído interno, donde tales vibraciones de sonido se transforman en impulsos nerviosos que llegan a la corteza cerebral, donde se interpretan como sensaciones auditivas.

 

Por ello, el cuidado de la membrana timpánica es la primera responsabilidad por el bien de nuestra correcta audición, como elemental acceso de los sonidos. La inflamación del oído -otitis- y los traumatismos son las causas más frecuentes de una lesión importante del tímpano como sería su perforación.

 

En el caso de otitis media (inflamación del oído medio), que en la población infantil es muy frecuente –más del 80% de niños sufren alguna antes de los 3 años–, puede ser causada por un virus o bacteria como resultado de un resfriado, una infección respiratoria o alguna alergia, y provoca la acumulación de mucosidad detrás del tímpano. "La presión de ese cúmulo de sustancia va afectando la membrana timpánica, aumentando la presión sobre ella por el proceso infeccioso y puede llegar a perforarla", según explica el responsable del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Sant Joan de Déu, Oliver Haag.     

 

Peligro de un golpe seco

"Un fuerte golpe con la mano abierta directo sobre la oreja puede reventar el tímpano", explica el doctor Miguel Caballero, consultor senior del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Clínic de Barcelona, y profesor asociado de la Universitat de Barcelona. "En realidad, la rotura del tímpano se produce por la fuerte presión que ejerce el aire sobre dicha membrana, empujado por la mano abierta", detalla Caballero. "El mismo efecto de ese golpe puede tener el impacto de una ola del mar sobre nuestro oído, o una fuerte explosión", añade.

 

Por lo general, los tímpanos quebrados así, aunque causan mucho dolor, se acostumbran a recuperar de manera natural. En unas semanas, la membrana timpánica se puede ya haber regenerado y la audición suele quedar recuperada con normalidad. "Si la perforación fuese muy grande y el tejido no se acabara de recuperar, se podría operar –timpanoplastia– para conseguir completarlo", precisa el doctor Miguel Caballero.

 

Otros motivos de perforación del tímpano son resultado de la introducción, demasiado habitual según constatan los especialistas, de artilugios diversos a través del oído externo. Los más comunes son los bastoncillos que se utilizan para extraer la cera acumulada de camino al tímpano, o para rascarse cuando se siente picor en la cavidad del oído externo. "El 90% de la gente se ha limpiado alguna vez el oído con bastoncillos u otro instrumento", señala el otorrino del Hospital Clínic, Miguel Caballero. "También es muy frecuente que lo hayan hecho introduciéndose tapones o extremos de bolígrafo o lápiz, tenedores, horquillas del cabello, ganchillos o incluso agujas de tejer lana".

 

Cualquier elemento que se introduzca en el oído puede accidentalmente alcanzar la membrana timpánica y perforarla. Eso puede ocurrir directamente, o bien indirectamente, al empujar cualquier otro elemento, como la propia cera acumulada en el orificio, cuyo acorralamiento podría ejercer tal presión sobre el tímpano, pudiendo llegar a traspasar la membrana.

 

Utilización de tapones

Por todo ello, "en un oído sano, con el tímpano íntegro, no es necesario ni tan solo utilizar tapones para prevenir otitis u otros problemas", indica el otorrino del Hospital Sant Joan de Déu Oliver Haag. "Sí se recomienda usarlos al entrar en el agua, en caso de llevar drenajes o tener el tímpano ya perforado. En esas circunstancias, el tapón impedirá que entren gérmenes y que puedan aumentar las posibilidades de contraer una infección", añade el especialista. En cualquier caso, se recomienda no introducir la cabeza en aguas que no estén bien limpias, como las de lagos y estanques.

 

Si se sospecha que se acumula demasiado cerumen –la cera propia de los oídos–, algo que puede percibirse por la disminución de la audición, o molestias como picores o sensación de ocupación, hay que acudir al médico de cabecera para que lo confirme y proceda a su extracción, en caso de que el cúmulo obstruya la llegada del sonido al tímpano y, por tanto, impida que la membrana timpánica reciba bien y amplifique la onda sonora. Niños y personas mayores suelen tener más tendencia a acumular cerumen, pero si no es de manera exagerada, las acumulaciones caen con el movimiento habitual. 

 

El serumen protege de la entrada de polvo e insectos y lubrifica el oído

El cerumen es la cera que secreta el oído de forma natural. Lo fabrican unas glándulas especiales –como serían también las glándulas sudoríparas– para ello ubicadas en el canal auditivo, el acceso desde el inicio de la cavidad de la oreja hasta el tímpano. La cera ejerce una función protectora, obstaculiza el paso a elementos externos como podrían ser el polvo o insectos, impidiendo que lleguen a acceder al oído medio. Además de obstaculizar, también facilita que todo lo que entre en la cavidad auditiva quede enganchado en la sustancia cerosa. También lubrifica las paredes para que succionen mejor la transmisión de las ondas sonoras que llegan. Pero es la misma piel la que se encarga de ir expulsando la cera sobrante, aprovechando el movimiento del propio organismo al masticar, caminar o estirarnos en posición horizontal. El cerumen se expulsa de manera natural. Cuando se secreta más cera de lo normal, se tapona el entorno del tímpano, impidiendo que pase el sonido. A veces sucede al entrar en contacto con el agua, pues esta moja la cera, que así se expande como una esponja y de repente podemos notar que hemos dejado de oír. Si los tapones de cera no caen solos, hay espráis que lo facilitan o que ir al médico para que los extraiga. Es una consulta muy frecuente en el servicio de otorrinolaringología de la atención primaria. 

 

Decibelios que maltratan el oído

Aunque la onda sonora de una detonación que supere los 120 decibelios puede quebrar el tímpano, por lo general los decibelios no dañan directamente la membrana timpánica, sino los huesecillos del oído medio encargados de recoger el sonido. Escuchar música con auriculares, especialmente con el volumen por encima de los 80 decibelios en tiempos superiores a 15 o 3 0 minutos, dificulta la recuperación del oído. Por ejemplo, «quien sale a correr por la Diagonal que, para superar la interferencia del ruido de los vehículos que circulan, debe elevar el volumen para percibir bien la música», describe el especialista en Otorrinolaringología del Hospital del Clínic, Dr. Caballero. «Si es poco tiempo, el oído interno se recupera, pero si se soporta durante muchas horas y días, dependiendo de la persona, puede no llegar a recuperar parte de la audición que se pierde por esa sobreestimulación del oído», añade. «La prevalencia de problemas auditivos se calcula que entre un 8 y un 15% en adultos, y va en aumento, sobre todo en las ciudades. Estudios con esquimales, sin embargo, que habitan lugares sin apenas ruido, revelan que la pérdida de audición por motivos ambientales es prácticamente nula», apunta. En ciertos trabajos expuestos al ruido, se usa la protección con cascos.

 

Éxito elevado de la cirgía que repara las perforaciones de la membrana

El deterioro o la ruptura de la membrana timpánica deriva en una pérdida de audición. En aquellos casos en los que el tímpano no se regenera de manera natural, la cirugía se ocupa de ello. La intervención médica se denomina timpanoplastia. «En ella, se extrae tejido del mismo paciente, de la zona próxima al músculo o cartílago de la propia oreja que se interviene, y con ese fragmento de tejido se completa o refuerza el tímpano. Como si se colocara un parche sobre la membrana timpánica», explica el especialista en Otorrinolaringología del Hospital Clínic de Barcelona, y profesor asociado de dicha materia en la Universitat de Barcelona, Dr. Miguel Caballero. «El éxito –añade– es muy alto, muy próximo al 100%. Y en el 90% de los casos la audición se recupera totalmente», precisa Caballero. En casos en que el trauma acústico es muy agudo, que puede ser el de algunos cazadores, ‘dj’, o alguien que haya vivido muy de cerca una explosión, ante esas circunstancias, el oído no se puede recuperar una vez se ha reparado el tímpano. En la timpanoplastia, el cirujano puede acceder al tímpano por el conducto auditivo, o bien realizando un corte tras la oreja. La técnica endoscópica, en la que se conduce una minúscula óptica hasta la zona del tímpano donde se realiza la reparación, hace que la intervención quirúrgica sea  mínimamente invasiva.

 

Las afectaciones más comunes

Una de las inflamaciones del oído más comunes se produce cuando la trompa de Eustaquio -canal que conecta el oído medio con el fondo de la nariz- se obstruye, por ejemplo –y es el motivo más habitual– con la mucosidad que se genera por un resfriado. La acumulación de moco se produce detrás de la membrana timpánica, por lo que repercute en la función de esta como transmisora del sonido. Por eso cuando se está muy resfriado es normal que disminuya la audición. Si el cúmulo de mucosidad no se infecta, hablamos de otitis serosa. Pero si más allá del aumento de mucosidad se siente dolor en los oídos y la temperatura aumenta –fiebre– se trata de una otitis media aguda, muy habitual entre niños y niñas. El tratamiento es a base de antiinflamatorios y, en caso necesario también, antibióticos. Normalmente, en 8 o 10 días, se cura. En el caso de las otitis crónicas y tímpano perforado, es necesario utilizar tapones para proteger el oído medio de la entrada de agua o elementos que puedan causar infección en el interior.





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Sobre la ANA

La Asociación Nacional de Audioprotesistas es una organización sin ánimo de lucro, creada en 1976, con la finalidad de promocionar los aspectos profesionales, deontológicos y sociales de la profesión Audioprotesista, asó como sensibilizar a la opinión pública y las Administraciones sobre las alteraciones de las capacidades auditivas en las personas.


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