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Hacerse sordo por un rato

Basta con imaginarse a sí mismo sin capacidad de oír. Todo se volvería una pequeña (o gran) odisea. Desde comprar el pan a cruzar la calle. Desde efectuar una reclamación por la factura de la luz a acudir a una tutoría sobre el rendimiento académico de un hijo. Desde llamar por teléfono a llenar el depósito de gasolina. Cualquier acto cotidiano y rutinario se convertiría en una hazaña. Así de complicado es el día a día al que se enfrentan las personas con discapacidad auditiva. Y nosotros hemos querido comprobarlo en primera persona.


Madrid - 19/03/2015


Carmen Abascal, directora de CLAVE, ofrecía el pasado 13 de marzo una charla titulada "Hazte sordo por un rato". un un taller abierto con el propósito de mostrar a los participantes qué se siente cuando se padecen problemas de audición. Y qué hay que hacer para mejorar la integración de estas personas en la sociedad. Lo primero es comprender la realidad de la sordera y adecuar los hábitos para mejorar la comunicación.

Más de un millón de sordos en España

 

Los datos oficiales son fríos, pero reflejan la realidad. La última estadística sobre el número de personas con discapacidad auditiva en España es de la Encuesta del INE del año 2000. La cifra ronda el millón de afectados, pero estudios posteriores indican que los hombres y mujeres con problemas de audición es todavía mayor.

La sordera es una discapacidad no tan evidente como otras. Se trata de un colectivo muchas veces invisible para la sociedad. Investigaciones en países del mundo, que pueden ser extrapolables a España, dicen que el 1% de los recién nacidos presentan sordera profunda, y el 5% padece problemas de audición. Además, el 16,1% de la población sufre pérdida auditiva en las frecuencias altas mientras que dos tercios de los mayores de 70 años tienen problemas para oír.

A la limitación física hay que añadir las barreras económicas, como la no generalización de las ayudas a los audífonos. Otra de las reivindicaciones de las familias afectadas corresponde a los implantes. En nuestro país, el implante coclear está incluido en los servicios de la Seguridad Social, aunque no se garantiza el segundo implante, ni en la práctica se costea el mantenimiento de los componentes externos y la sustitución de procesadores de más de 7 años en todas las comunidades autónomas.

Las soluciones pasan por la implantación de ayudas económicas para la adquisición de audífonos a cualquier edad y por la implantación bilateral y el acceso a nuevos procesadores y accesorios cuando sea necesario. Los altos precios de la renovación de audífonos y procesadores de implantes, y del mantenimiento de los componentes externos de los implantes (cables, antenas, baterías, reparaciones) añaden una carga a aquellas familias que no disponen de los recursos pertinentes, y por tanto repercute en la calidad de vida de las personas con problemas de audición.

Otro hándicap de las personas con discapacidad auditiva es el acceso al empleo. En este grupo el paro afecta a más del 50%, lo que puede interpretarse como discriminación sociolaboral. El primer obstáculo al que deben enfrentarse es la información que se debe incluir cuando se envía un currículum. Contar expresamente o no la discapacidad auditiva en el mismo enciende el debate entre aquellos con problemas de audición: ¿Si lo pongo me excluyen o me beneficia porque lo tienen en cuenta debido a los beneficios fiscales que percibe la empresa? ¿Qué imagen tiene el empresario de las personas sordas?

Una vez salvada esta cuestión aparece el segundo obstáculo: la entrevista, y más si es telefónica. Esta puede ser un problema irresoluble, no solo para los usuarios de la lengua de signos, sino también para los que aún teniendo buena comunicación oral no pueden hablar por teléfono o solo lo hacen con personas conocidas.

Existe una idea equivocada de que un trabajador de este colectivo tiene una formación limitada. Por un lado se halla un pequeño grupo de personas que se comunican con la lengua de signos y por otro, un grupo numeroso de personas con distintos grados de audición que usan la lengua oral. En ambos grupos hay desde trabajadores sin cualificación profesional a universitarios con puestos relevantes.

Una vez que se consigue el trabajo no desaparecen los problemas. Las empresas no conocen la dificultad de las personas con discapacidad auditiva para comunicarse, para hablar por teléfono o cuando hay mucho ruido de fondo.

Entre las medidas que se pueden tomar figuran una buena iluminación que facilite la lectura labial, la disposición de los muebles en función del tipo de trabajo, la utilización de mesas de reunión redondas u ovaladas para que se mantenga el contacto visual con los participantes en las reuniones, el acondicionamiento acústico de los espacios para que se absorba el sonido y se elimine la reverberación. También resulta positivo realizar adaptaciones para que trabajador ejerza sus funciones: ayudas técnicas para el teléfono, para la comunicación (bucle magnético en el puesto de trabajo, bucle portátil para reuniones o sistemas de Frecuencia Modulada, servicios para los usuarios de LSE) y avisadores y alarmas.



Fuente:Qué!


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